Había una vez un hombre que, en su juventud, profesaba el deseo de convertirse en un gran escritor. Cuando le pidieron que definiera "gran", dijo: "¡quiero escribir cosas que lea todo el mundo, cosas que hagan a la gente reaccionar a un nivel verdaderamente emocional -- cosas que les hagan gritar de incredulidad, llorar desesperados, aullar de dolor y liberar su cólera en formas que nunca habían soñado!" El joven hizo realidad su deseo. Ahora trabaja para Microsoft, escribiendo mensajes de error.